domingo, 14 de diciembre de 2008

Comentario de la Noticia 3

Esta noticia trata acerca del descubrimiento de un mamut congelado en la fría tundra siberiana. Debido al buen estado en el que se ha conservado durante 20.000 años y a que posee varios mechones de pelo, se ha planteado la posiblidad de, a través de la ingeniería genética, rescatar de la extinción al mamut lanudo. Aunque ya se ha descifrado más de un 70% de su genoma, todavía se considera muy lejana esa posibilidad.
El terreno de la genética ha avanzado mucho en los últimos años, pero hay que plantearse el verdadero motivo de este avance. Muchos científicos centran sus actividades en experimentar con organismos vivos, modificando su ADN, sus características, sin motivo aparente. ¿Por qué les entusiasma tanto la idea de "jugar" con la vida? Porque se sienten poderosos. Desde siempre, al hombre le ha gustado sentirse el amo del mundo y manejar a su antojo. Yo no estoy en contra de que se investigue para encontrar la cura a una enfermedad o para salvar vidas, pero modificar algo natural, sólo por el simple hecho de poder hacerlo, no estoy de acuerdo. Creo que todo ese dinero que se está utilizando en estos "experimentos", se podría utilizar en cosas más importantes. En el caso de esta noticia (intentar crear un individuo de una especie ya extinguida); estas investigaciones no valen la pena. Preocupémonos de los vivos, que lo necesitan más.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Noticia 3: Secuenciado por primera vez el genoma de un animal extinguido: el mamut

Actualizado jueves 20/11/2008 09:28 (CET)

MIGUEL G. CORRAL
MADRID.- Ya no hace tanto frío como en el pasado. Todos los ancianos hablan de ello en la tundra siberiana. Corre el año 1994. Un grupo de científicos se adentra en las interminables masas de permafrost (hielo profundo y muy antiguo) que el cambio climático está debilitando cada vez más. Descubren lo que andaban buscando: un espectacular ejemplar de mamut lanudo (Mammuthus primigenius) atrapado en el hielo y en buen estado, debido a la temperatura de 20 grados bajo cero en la que ha estado durante cerca de 20.000 años. Conserva incluso mechones de pelo.
No todas las noticias científicas arrancan de una ocurrencia genial o de una pizarra repleta de fórmulas indescifrables. La historia de la primera obtención del genoma de un animal extinguido comenzó con el hallazgo de un mamut congelado en algún lugar de la Siberia más septentrional. Y ha finalizado hoy con la publicación en la revista Nature de la secuenciación del material genético (ADN nuclear) del mamut lanudo, un animal que se extinguió hace más de 3.500 años.
Hace pocos días que falleció Michael Crichton, el autor del libro de ciencia ficción 'Parque jurásico', y parece inevitable que la investigación nos traiga a la cabeza al escritor. En la célebre novela, como también en la adaptación cinematográfica que dirigió Steven Spielberg, el ADN procedía de la sangre que albergaba un mosquito fosilizado en ámbar tras picar a un dinosaurio. En el caso real del genoma del mamut, la clave ha estado en los restos de pelo del animal, una magnífica fuente de material genético.
La investigación abre la puerta a la posibilidad de rescatar de la extinción al mamut lanudo. Sin embargo, queda aún muy lejos para la Ciencia actual. «Para lograr algo parecido hay que superar muchos pasos muy complicados que hoy en día no podemos superar», asegura a EL MUNDO Carles Lalueza, profesor de la Universidad de Barcelona y experto en genomas antiguos, «pero sí hay una serie de opciones de que algún día se pueda hacer».
Stephan C. Schuster, uno de los autores principales de la investigación, mencionó a elmundo.es los posibles avances que puede traer consigo la última revolución protagonizada por Craig Venter tras crear por primera vez un cromosoma totalmente sintético. «Alguien como Venter puede desarrollar una forma rápida de transformar el genoma del mamut que nosotros tenemos en el ordenador en cromosomas completos».
Ese sería el primer paso. Después también habría que averiguar cuántos cromosomas tenía (aunque sean parientes, no son necesariamente los mismos que los del elefante, como demuestra el hecho de que el chimpancé tiene un par de cromosomas más que el ser humano) y albergarlos en un óvulo que pudiera llevarlo a cabo. Por el momento, tan sólo ciencia ficción.
«Una secuencia genética no hace a un organismo vivo», afirma Jeremy Austin, director del Centro de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida (Australia), «tenemos una secuencia parcial del genoma del mamut y con un número considerable de errores, sería como tratar de construir un coche con el 80% de las piezas y sabiendo que algunas están rotas».
La apreciación de Austin es muy acertada, ya que la investigación ha descifrado de forma completa entre el 70 y el 80% del genoma del mamut. «Nosotros alineamos las secuencias que teníamos con la parte disponible del genoma del elefante africano (Loxodonta africana), de esa forma sabíamos dónde colocar cada pieza de la secuencia», cuenta Schuster. Debido a la enorme similitud entre los genomas de los diferentes vertebrados cuya carga genética ya se conoce entre ellos el ser humano, los fragmentos ausentes han sido deducidos por comparación con otros organismos.
El procedimiento empleado por los investigadores es algo diferente del empleado en el Proyecto Genoma Humano. Casi cualquier muestra biológica está de alguna forma contaminada por bacterias, hongos u otro tipo de microorganismos, aunque haya permanecido congelada a 20 grados bajo cero durante alrededor de 20.000 años, como lo estuvo la muestra principal utilizada en el trabajo. Sin embargo, esto no fue un problema para los científicos. La técnica utilizada permite obtener un extracto de todo el ADN presente en el pelo del mamut, romperlo en pedazos y separar después, mediante un proceso informático, el perteneciente al animal del Pleistoceno de aquel procedente de otros organismos microscópicos.
Una vez separado, llega el momento de ordenar el material genético perteneciente al mamut. Para ello, se usa el genoma del elefante como patrón, lo que permite averiguar, como se ha comentado más arriba, que la muestra contiene entre un 70 y un 80% del genoma completo. El resto se infiere mediante complejos procedimientos comparativos.
«Se tiende a pensar que la publicación de un genoma es el final de una investigación, y desde un punto de vista evolutivo es sólo el principio», afirma Lalueza. Después comienzan los trabajos para averiguar qué genes están implicados en las adaptaciones evolutivas. «Por ejemplo, hay que desenmascarar a las secuencias implicadas en el desarrollo del pelo que les permitía vivir en zonas muy frías», aclara el científico.
La divergencia entre la carga genética del mamut y del elefante es la mitad que la que existe entre el chimpancé y el ser humano, lo que ha permitido conocer la distancia evolutiva que separa al mamut de su pariente vivo más cercano. Según los propios autores, ambos grupos han permanecido separados y evolucionando por caminos diferentes durante más de 6 millones de años, el mismo tiempo que chimpancés y humanos. Una distancia evolutiva que quizá haga imposible que se alcance el sueño de revivir al mamut lanudo después de milenios de extinción.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Comentario de la Noticia 2

La ciencia ha demostrado que nuestra existencia tiene su origen en la suerte. Todo ha sido un cúmulo de coincidencias, entre las que se encuentra la de la transformación de las aletas de los peces en las patas de los animales terrestres.
Un equipo de paleontólogos ha encontrado recientemente un fósil al que han llamado "Tiktaalik roseae". Era un animal de más de dos metros de largo, dotado de aletas pero capaces de sostener su propio cuerpo. Aunque lo más interesante que este equipo ha descubierto ha sido que este animal ya tenía rasgos craneales que sólo se creía poseedores de ellos a los animales terrestres. Esto confirma que el paso del agua a la tierra no fue tan rápido.
"Tiktaalik" vivía en aguas poco profundas, aunque en ocasiones salía a tierra, debido a las características de su cráneo, cuello y apéndices. Este fósil coincide perfectamente con los animales considerados "de transición" entre el agua y la tierra, debido sobretodo a una reducción en su mandíbula y a la posesión de un sistema respiratorio menos dependiente de la respiración acuática.
Este fósil es un gran paso para conocer verdaderamente el origen de los vertebrados terrestres.

Comentario de la Noticia 1

Una nebulosa es una fría nube de gas y polvo que se localiza en las galaxias y, tras la cual, se pueden formar las estrellas. Estas nubes están formadas mayoritariamente por hidrógeno. En ella actúan dos tipos de fuerzas: Las fuerzas de contracción (relacionadas con la atracción gravitatoria) y las fuerzas de dispersión (la fuerza centrífuga y la energía interna de la nube). Si las fuerzas de contracción son superiores a las fuerzas de dispersión, se formará una protoestrella.
Una de las nebulosas más famosas es la Gran Nebulosa de Orión. Formada principalmente por la nebulosa M43 y la NGC 1977, es un bonito paisaje espacial en el que se observan jóvenes estrellas. Esta nebulosa se sitúa en los límites de una nube molecular invisible. Dentro de ella, los astrónomos han encontrado también pequeños sistemas solares. La Nebulosa de Orión se encuentra a 1.500 millones de años luz.

Noticia 2: Un cráneo fósil desvela las claves del origen de los animales terrestres


TANA OSHIMA
MADRID.- Debemos nuestra existencia a la suerte. En el laberinto de probabilidades remotas, la buena fortuna quiso, si nos remontamos "sólo" al Devónico (hace 410-360 millones de años), que unos peces minoritarios fueran los elegidos para, más tarde, conquistar los continentes.
Durante esa transición, ocurrida en apenas unos instantes geológicos (pero no tan breves, en realidad), aquellos peces fueron sufriendo cambios morfológicos. Los más evidentes fueron el paso de aletas a patas, lo que dio lugar a los llamados tetrápodos (literalmente, "de cuatro patas").
La paleontología reconstruye la historia de la vida uniendo piezas de un puzzle aún lleno de agujeros. En 2004, un equipo dirigido por Ted Daeschler, de la Academia de Ciencias Naturales de Estados Unidos, descubrió uno de esos fósiles de transición que encajaban perfectamente en la escala evolutiva entre el pez y el tetrápodo.
'Tiktaalik roseae' era un animal de hasta 2,5 metros de largo, dotado de "aletas" sólidas, capaces de sostener el peso del cuerpo, y con una cabeza chata, similar a la de un cocodrilo. Era un voraz depredador de dientes afilados que vivió en el mar del Devónico tardío, hace 375 millones de años.
Pero 'Tiktaalik' ha tardado cuatro años desde su descubrimiento en hacer sus confesiones más interesantes a los paleontólogos: este híbrido ya contaba con los rasgos craneales que habían sido adjudicados exclusivamente a los animales terrestres. El análisis detallado del cráneo fósil ha confirmado que el salto del agua a la tierra no fue tan rápido como se creía.
"En tanto que vertebrado con aletas que comparte muchos rasgos con los vertebrados con patas, 'Tiktaalik' ha sido muy útil para conocer más detalles sobre la transición evolutiva desde el pez hasta los tetrápodos", explica a EL MUNDO Jason Downs, investigador de la Academia de Ciencias Naturales de EEUU.
"Las características del cráneo en los tetradomorfos primitivos y con aletas es muy diferente de aquéllas de las formas con patas. Esto ha dado la impresión de que el cráneo evolucionó muy rápido en esta transición. Sin embargo, el problema ha sido más causado por una falta de formas intermedias. Con esas formas intermedias, esta transición puede quedar fragmentada en una serie de pequeños cambios. 'Tiktaalik' es una de esas formas intermedias", añade Downs.
Más aún, las características que permitieron más tarde la aparición de cuatro patas y otros rasgos de los tetrápodos fueron, en realidad, adaptaciones para vivir en aguas someras, cuando ninguno de los peces elegidos tenía "previsto" aún dar el salto definitivo a la tierra.
Así lo describe un estudio publicado hoy en 'Nature'.
En efecto, 'Tiktaalik' vivía en el fondo de aguas poco profundas, e incluso quizá se daba algunos paseos cortos por tierra, a juzgar por caracteres de su cráneo, cuello y apéndices que comparte con los vertebrados terrestres que aparecerán más tarde.
De hecho, ya gozaba de cierta movilidad en la cabeza, algo poco útil para los peces que habitaban aguas profundas, según los investigadores, pero sí para los que moraban y cazaban en aguas someras.
"Los peces de aguas profundas se mueven y alimentan en espacios tridimensionales y pueden orientarse fácilmente en dirección a su presa", explica Farish Jenkins, de la Universidad de Harvard. "Un cuello móvil es ventajoso en lugares donde el cuerpo está relativamente fijo, como es el caso de las aguas someras o sobre tierra".
'Tiktaalik' se inserta perfectamente dentro de esta transición gradual que comenzó en el agua, pues presenta ya la típica reducción del hiomandibular -un hueso que sostiene la mandíbula de los peces, derivado del arco branquial-, fundamental para tener movilidad de cuello y cabeza.
Esa reducción y reorientación tienen que ver con el achatamiento del cráneo y abrirán el camino, siempre fortuitamente, para que el hiomandibular se convierta en una pieza clave para que los animales terrestres podamos oír -el estribo, el pequeño hueso que tenemos en el oído interno, es un recuerdo que guardamos de nuestros ancestros acuáticos-.
Todos estos rasgos reafirman la posición intermedia de este animal entre el pez y los tetrápodos. "Con apéndices capaces de soportar el peso del cuerpo, un cráneo más consolidado, costillas capaces de sostener el tronco" en un ambiente más grávido (con respecto al agua), "un sistema respiratorio menos dependiente de la respiración en el agua, una cabeza capaz de movimiento independiente y proporciones craneales que se aproximan a las de los tetrápodos, 'Tiktaalik' revela un estadio importante en el origen de los vertebrados terrestres", concluyen los autores en su estudio.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Noticia 1: Gas resplandeciente en la nebulosa de Orión

Una de las nebulosas más conocidas del firmamento.

  • Contiene calientes y jóvenes estrellas.
  • La vista abarca dos grados o unos 45 años luz de la Nebulosa.

La Gran Nebulosa de Orión, también conocida como M42, es una de las nebulosas más famosas en el cielo.
Las nubes de gas resplandeciente de la región de formación estelar y sus calientes y jóvenes estrellas son las protagonistas de la zona derecha de este detallado y colorido mosaico de dos imagenes que incluye la pequeña nebulosa M43 cerca del centro y la polvierta y azul nebulosa de reflexión NGC 1977 y compañeras a la izquierda.
Localizada en los límites de una compleja y gran nube molecular invisible, estas nebulosas fáciles de ver representan sólo una pequeña fracción de riqueza galáctica cercana de material interestelar.
Dentro del bien estudiado vivero estelar, los astrónomos han identificado también lo que parecen ser numerosos sistemas solares bebé. La maravillosa vista abarca sólo dos grados o unos 45 años luz de la Nebulosa de Orión que se estima a una distancia de 1.500 años luz.

Derechos: La traducción del texto original en inglés ha sido realizada por los voluntarios de Observatorio.info, que ha autorizado a 20minutos.es su reproducción. El proyecto de la imagen astronómica diaria original (APOD) es llevado a cabo por la NASA.

Exponer el Universo

El Universo se creó hace aproximadamente 15.000 millones de años, según la teoría del Big Bang. Esta teoría afirma que el origen del Universo fue una gran explosión que se produjo debido a una gran concentración de materiales muy inestables.
Aproximadamente 500 millones de años después del Big Bang, se creó la primera estrella a partir de la concentración de grandes cantidades de hidrógeno. Más tarde, esta estrella tuvo un colapso gravitacional y explotó. A partir de este momento, empezó la Era de las Estrellas.
En esta Era de las Estrellas, se crearon pequeños cúmulos de diversos materiales que, después de chocar entre sí, dieron lugar a las galaxias.
El planeta Tierra se encuentra en la galaxia llamada Vía Láctea. La Vía Láctea es delgada, con forma de espiral y una antigüedad de unos 10.000 millones de años aproximadamente. El Sistema Solar se encuentra a las "afueras" de esta galaxia. En el centro de este sistema los vientos son más fuertes y, por ello, cualquier cuerpo que se encuentre en ese punto se mueve más rápido. En el núcleo de la Vía Láctea se encuentra el llamado monstruo cósmico.
Durante algún tiempo, se estudia el comportamiento anómalo de ciertas estrellas que se mueven muy rápido. La causa de esta gran velocidad puede ser la gravedad primigenia, la misma que creó el Sistema Solar.
Un ex – aviador del cuerpo militar estadounidense quiso elevarse hasta la estratosfera para efectuar el mayor salto en paracaídas del mundo y así observar todo desde esa altura. Llegó hasta los 30.500 m. y alcanzó una velocidad superior a la del sonido.
Durante su vida, Albert Einstein imaginó un tipo de estrellas a las que llamó estrellas oscuras. Estas estrellas resultaron existir y se caracterizan por tener mucha gravedad. Se colapsan hacia dentro y explotan, lo que origina un agujero negro. Estos agujeros negros tienen una elevada gravedad y atraen cualquier tipo de cuerpo en un radio muy elevado. En todo el universo, pueden existir millones de agujeros negros.
Estudiando estrellas vecinas, se ha descubierto un superagujero negro que se encuentra en el centro de la galaxia y que pesa tres veces más que el Sol, pero ocupa mucho menos espacio. Se pudo formar habiendo engullido otros agujeros negros más pequeños. Se piensa que se seguirá haciendo cada vez más grande hasta que transforme toda la galaxia.
Otro problema puede ser el Sol. Cuando se le acabe todo el hidrógeno y nitrógeno para quemar, se calentará. Esto hará que la Tierra arda también, debido a que el Sol se convertiría en una Gigante Roja de más tamaño y la atraería. Un científico piensa que esto se podría evitar construyendo estaciones espaciales en las que vivir o modificando la órbita de los planetas.
Pero a pesar de esto, al Sistema Solar todavía le queda mucho "tiempo de vida".