martes, 28 de abril de 2009

Comentario de la Noticia 4

Los expertos han observado un deshielo en el Artico, mientras que se ha originado un considerable aumento del hielo antártico. Esto se debe a una causa común: las emisiones humanas de sustancias químicas a la atmósfera. La explicación del deshielo se encuentra en el calentamiento que se ha producido debido a los gases de efecto invernadero producidos por la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, el aumento del hielo antártico se debe a que los gases soltados a la atmósfera, la enfriaron y afectaron a los vientos que rodean la Antártida, provocando que fueran más fríos y que soplaran con más frecuencia.
El deshielo de los polos es un gran problema. El deshielo se debe, principalmente, a las emisiones humanas de gases de tipo invernadero. Estos gases no dejan escapar las radiaciones ultravioletas perjudiciales del Sol, que también pueden causar cáncer de piel. Si se derriten los polos, podrían ocurrir inundaciones, olas de calor, sequías y una considerable subida del nivel del mar. Tendríamos que concienciarnos lo más posible sobre este problema e intentar contaminar lo mínimo posible, ya que los problemas que esta contaminación conlleva son graves.

jueves, 23 de abril de 2009

Noticia 4: Un estudio relaciona el ozono y el aumento del hielo antártico

OSLO (Reuters) - El aumento del mar helado que rodea la Antártida está relacionado con un agujero en la capa de ozono de la atmósfera, según un estudio publicado el martes en la revista Geophysical Research Letters que ayuda a resolver un misterio sobre el calentamiento global.

Los hallazgos de los científicos de la Encuesta Británica de la Antártida (BAS) y la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) explican una aparente contradicción entre un deshielo en el Ártico hasta mínimos récord con un aumento del hielo antártico en los últimos 30 años.

'Esta nueva investigación nos ayuda a resolver parte del rompecabezas de por qué el mar helado se encoge en algunas partes y crece en otras', dijo John Turner, miembro del BAS y responsable del estudio.

Los expertos señalaron que el daño que las emisiones humanas de sustancias químicas han causado a la capa de ozono, que protege el planeta de los rayos ultravioleta que pueden causar cáncer de piel, enfrió la estratosfera y afectó a los vientos en torno a la Antártida.

Esos cambios supusieron que el viento soplaba con más frecuencia, enfriando el mar y creando más hielo, explicaron. En los 80 se descubrió un agujero en la capa de ozono sobre la Antártida, que los científicos atribuyeron a la emisión de sustancias químicas una vez empleadas en neveras o aerosoles cosméticos.

'Aunque hay unas pruebas crecientes de que la pérdida de mar helado en el Ártico ha ocurrido debido a la actividad humana, en la Antártida la influencia humana a través de la capa de ozona ha tenido el efecto contrario y producido más hielo', dijo Turner.

El mar helado que rodea la Antártida se ha expandido a un ritmo de unos 100.000 kilómetros cuadrados por década desde los 70, y cubre una zona de unos 19 millones de kilómetros cuadrados en su extensión máxima invernal, doblando el tamaño de todo el continente.

EL ÁRTICO

Por el contrario, el mar helado que rodea en verano el Polo Norte se encogió en 2007 hasta su tamaño más pequeño desde los años 70, cuando se iniciaron los registros tomados por satélite.

Según el Panel Climático de Naciones Unidas, el calentamiento se debe a los gases de efecto invernadero emitidos por la quema de combustible fósiles, y podría provocar más inundaciones, olas de calor, sequías y subidas en el nivel del mar.

'Aunque el agujero de la capa de ozono sigue acusando los efectos del aumento de gases de efecto invernadero en la Antártida, esto no durará, ya que esperamos que los niveles de ozono se recuperen a finales del siglo XXI', indicó Turner en un comunicado.

Comprender la Antártida es una prioridad para los científicos, dado que contiene suficiente hielo para elevar los niveles del mar en 57 metros si se derritiera. Incluso un diminuto deshielo podría amenazar algunas islas bajas del Pacífico, así como ciudades como Nueva York o Pekín.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Comentario de la Noticia 3

Esta noticia trata acerca del descubrimiento de un mamut congelado en la fría tundra siberiana. Debido al buen estado en el que se ha conservado durante 20.000 años y a que posee varios mechones de pelo, se ha planteado la posiblidad de, a través de la ingeniería genética, rescatar de la extinción al mamut lanudo. Aunque ya se ha descifrado más de un 70% de su genoma, todavía se considera muy lejana esa posibilidad.
El terreno de la genética ha avanzado mucho en los últimos años, pero hay que plantearse el verdadero motivo de este avance. Muchos científicos centran sus actividades en experimentar con organismos vivos, modificando su ADN, sus características, sin motivo aparente. ¿Por qué les entusiasma tanto la idea de "jugar" con la vida? Porque se sienten poderosos. Desde siempre, al hombre le ha gustado sentirse el amo del mundo y manejar a su antojo. Yo no estoy en contra de que se investigue para encontrar la cura a una enfermedad o para salvar vidas, pero modificar algo natural, sólo por el simple hecho de poder hacerlo, no estoy de acuerdo. Creo que todo ese dinero que se está utilizando en estos "experimentos", se podría utilizar en cosas más importantes. En el caso de esta noticia (intentar crear un individuo de una especie ya extinguida); estas investigaciones no valen la pena. Preocupémonos de los vivos, que lo necesitan más.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Noticia 3: Secuenciado por primera vez el genoma de un animal extinguido: el mamut

Actualizado jueves 20/11/2008 09:28 (CET)

MIGUEL G. CORRAL
MADRID.- Ya no hace tanto frío como en el pasado. Todos los ancianos hablan de ello en la tundra siberiana. Corre el año 1994. Un grupo de científicos se adentra en las interminables masas de permafrost (hielo profundo y muy antiguo) que el cambio climático está debilitando cada vez más. Descubren lo que andaban buscando: un espectacular ejemplar de mamut lanudo (Mammuthus primigenius) atrapado en el hielo y en buen estado, debido a la temperatura de 20 grados bajo cero en la que ha estado durante cerca de 20.000 años. Conserva incluso mechones de pelo.
No todas las noticias científicas arrancan de una ocurrencia genial o de una pizarra repleta de fórmulas indescifrables. La historia de la primera obtención del genoma de un animal extinguido comenzó con el hallazgo de un mamut congelado en algún lugar de la Siberia más septentrional. Y ha finalizado hoy con la publicación en la revista Nature de la secuenciación del material genético (ADN nuclear) del mamut lanudo, un animal que se extinguió hace más de 3.500 años.
Hace pocos días que falleció Michael Crichton, el autor del libro de ciencia ficción 'Parque jurásico', y parece inevitable que la investigación nos traiga a la cabeza al escritor. En la célebre novela, como también en la adaptación cinematográfica que dirigió Steven Spielberg, el ADN procedía de la sangre que albergaba un mosquito fosilizado en ámbar tras picar a un dinosaurio. En el caso real del genoma del mamut, la clave ha estado en los restos de pelo del animal, una magnífica fuente de material genético.
La investigación abre la puerta a la posibilidad de rescatar de la extinción al mamut lanudo. Sin embargo, queda aún muy lejos para la Ciencia actual. «Para lograr algo parecido hay que superar muchos pasos muy complicados que hoy en día no podemos superar», asegura a EL MUNDO Carles Lalueza, profesor de la Universidad de Barcelona y experto en genomas antiguos, «pero sí hay una serie de opciones de que algún día se pueda hacer».
Stephan C. Schuster, uno de los autores principales de la investigación, mencionó a elmundo.es los posibles avances que puede traer consigo la última revolución protagonizada por Craig Venter tras crear por primera vez un cromosoma totalmente sintético. «Alguien como Venter puede desarrollar una forma rápida de transformar el genoma del mamut que nosotros tenemos en el ordenador en cromosomas completos».
Ese sería el primer paso. Después también habría que averiguar cuántos cromosomas tenía (aunque sean parientes, no son necesariamente los mismos que los del elefante, como demuestra el hecho de que el chimpancé tiene un par de cromosomas más que el ser humano) y albergarlos en un óvulo que pudiera llevarlo a cabo. Por el momento, tan sólo ciencia ficción.
«Una secuencia genética no hace a un organismo vivo», afirma Jeremy Austin, director del Centro de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida (Australia), «tenemos una secuencia parcial del genoma del mamut y con un número considerable de errores, sería como tratar de construir un coche con el 80% de las piezas y sabiendo que algunas están rotas».
La apreciación de Austin es muy acertada, ya que la investigación ha descifrado de forma completa entre el 70 y el 80% del genoma del mamut. «Nosotros alineamos las secuencias que teníamos con la parte disponible del genoma del elefante africano (Loxodonta africana), de esa forma sabíamos dónde colocar cada pieza de la secuencia», cuenta Schuster. Debido a la enorme similitud entre los genomas de los diferentes vertebrados cuya carga genética ya se conoce entre ellos el ser humano, los fragmentos ausentes han sido deducidos por comparación con otros organismos.
El procedimiento empleado por los investigadores es algo diferente del empleado en el Proyecto Genoma Humano. Casi cualquier muestra biológica está de alguna forma contaminada por bacterias, hongos u otro tipo de microorganismos, aunque haya permanecido congelada a 20 grados bajo cero durante alrededor de 20.000 años, como lo estuvo la muestra principal utilizada en el trabajo. Sin embargo, esto no fue un problema para los científicos. La técnica utilizada permite obtener un extracto de todo el ADN presente en el pelo del mamut, romperlo en pedazos y separar después, mediante un proceso informático, el perteneciente al animal del Pleistoceno de aquel procedente de otros organismos microscópicos.
Una vez separado, llega el momento de ordenar el material genético perteneciente al mamut. Para ello, se usa el genoma del elefante como patrón, lo que permite averiguar, como se ha comentado más arriba, que la muestra contiene entre un 70 y un 80% del genoma completo. El resto se infiere mediante complejos procedimientos comparativos.
«Se tiende a pensar que la publicación de un genoma es el final de una investigación, y desde un punto de vista evolutivo es sólo el principio», afirma Lalueza. Después comienzan los trabajos para averiguar qué genes están implicados en las adaptaciones evolutivas. «Por ejemplo, hay que desenmascarar a las secuencias implicadas en el desarrollo del pelo que les permitía vivir en zonas muy frías», aclara el científico.
La divergencia entre la carga genética del mamut y del elefante es la mitad que la que existe entre el chimpancé y el ser humano, lo que ha permitido conocer la distancia evolutiva que separa al mamut de su pariente vivo más cercano. Según los propios autores, ambos grupos han permanecido separados y evolucionando por caminos diferentes durante más de 6 millones de años, el mismo tiempo que chimpancés y humanos. Una distancia evolutiva que quizá haga imposible que se alcance el sueño de revivir al mamut lanudo después de milenios de extinción.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Comentario de la Noticia 2

La ciencia ha demostrado que nuestra existencia tiene su origen en la suerte. Todo ha sido un cúmulo de coincidencias, entre las que se encuentra la de la transformación de las aletas de los peces en las patas de los animales terrestres.
Un equipo de paleontólogos ha encontrado recientemente un fósil al que han llamado "Tiktaalik roseae". Era un animal de más de dos metros de largo, dotado de aletas pero capaces de sostener su propio cuerpo. Aunque lo más interesante que este equipo ha descubierto ha sido que este animal ya tenía rasgos craneales que sólo se creía poseedores de ellos a los animales terrestres. Esto confirma que el paso del agua a la tierra no fue tan rápido.
"Tiktaalik" vivía en aguas poco profundas, aunque en ocasiones salía a tierra, debido a las características de su cráneo, cuello y apéndices. Este fósil coincide perfectamente con los animales considerados "de transición" entre el agua y la tierra, debido sobretodo a una reducción en su mandíbula y a la posesión de un sistema respiratorio menos dependiente de la respiración acuática.
Este fósil es un gran paso para conocer verdaderamente el origen de los vertebrados terrestres.

Comentario de la Noticia 1

Una nebulosa es una fría nube de gas y polvo que se localiza en las galaxias y, tras la cual, se pueden formar las estrellas. Estas nubes están formadas mayoritariamente por hidrógeno. En ella actúan dos tipos de fuerzas: Las fuerzas de contracción (relacionadas con la atracción gravitatoria) y las fuerzas de dispersión (la fuerza centrífuga y la energía interna de la nube). Si las fuerzas de contracción son superiores a las fuerzas de dispersión, se formará una protoestrella.
Una de las nebulosas más famosas es la Gran Nebulosa de Orión. Formada principalmente por la nebulosa M43 y la NGC 1977, es un bonito paisaje espacial en el que se observan jóvenes estrellas. Esta nebulosa se sitúa en los límites de una nube molecular invisible. Dentro de ella, los astrónomos han encontrado también pequeños sistemas solares. La Nebulosa de Orión se encuentra a 1.500 millones de años luz.

Noticia 2: Un cráneo fósil desvela las claves del origen de los animales terrestres


TANA OSHIMA
MADRID.- Debemos nuestra existencia a la suerte. En el laberinto de probabilidades remotas, la buena fortuna quiso, si nos remontamos "sólo" al Devónico (hace 410-360 millones de años), que unos peces minoritarios fueran los elegidos para, más tarde, conquistar los continentes.
Durante esa transición, ocurrida en apenas unos instantes geológicos (pero no tan breves, en realidad), aquellos peces fueron sufriendo cambios morfológicos. Los más evidentes fueron el paso de aletas a patas, lo que dio lugar a los llamados tetrápodos (literalmente, "de cuatro patas").
La paleontología reconstruye la historia de la vida uniendo piezas de un puzzle aún lleno de agujeros. En 2004, un equipo dirigido por Ted Daeschler, de la Academia de Ciencias Naturales de Estados Unidos, descubrió uno de esos fósiles de transición que encajaban perfectamente en la escala evolutiva entre el pez y el tetrápodo.
'Tiktaalik roseae' era un animal de hasta 2,5 metros de largo, dotado de "aletas" sólidas, capaces de sostener el peso del cuerpo, y con una cabeza chata, similar a la de un cocodrilo. Era un voraz depredador de dientes afilados que vivió en el mar del Devónico tardío, hace 375 millones de años.
Pero 'Tiktaalik' ha tardado cuatro años desde su descubrimiento en hacer sus confesiones más interesantes a los paleontólogos: este híbrido ya contaba con los rasgos craneales que habían sido adjudicados exclusivamente a los animales terrestres. El análisis detallado del cráneo fósil ha confirmado que el salto del agua a la tierra no fue tan rápido como se creía.
"En tanto que vertebrado con aletas que comparte muchos rasgos con los vertebrados con patas, 'Tiktaalik' ha sido muy útil para conocer más detalles sobre la transición evolutiva desde el pez hasta los tetrápodos", explica a EL MUNDO Jason Downs, investigador de la Academia de Ciencias Naturales de EEUU.
"Las características del cráneo en los tetradomorfos primitivos y con aletas es muy diferente de aquéllas de las formas con patas. Esto ha dado la impresión de que el cráneo evolucionó muy rápido en esta transición. Sin embargo, el problema ha sido más causado por una falta de formas intermedias. Con esas formas intermedias, esta transición puede quedar fragmentada en una serie de pequeños cambios. 'Tiktaalik' es una de esas formas intermedias", añade Downs.
Más aún, las características que permitieron más tarde la aparición de cuatro patas y otros rasgos de los tetrápodos fueron, en realidad, adaptaciones para vivir en aguas someras, cuando ninguno de los peces elegidos tenía "previsto" aún dar el salto definitivo a la tierra.
Así lo describe un estudio publicado hoy en 'Nature'.
En efecto, 'Tiktaalik' vivía en el fondo de aguas poco profundas, e incluso quizá se daba algunos paseos cortos por tierra, a juzgar por caracteres de su cráneo, cuello y apéndices que comparte con los vertebrados terrestres que aparecerán más tarde.
De hecho, ya gozaba de cierta movilidad en la cabeza, algo poco útil para los peces que habitaban aguas profundas, según los investigadores, pero sí para los que moraban y cazaban en aguas someras.
"Los peces de aguas profundas se mueven y alimentan en espacios tridimensionales y pueden orientarse fácilmente en dirección a su presa", explica Farish Jenkins, de la Universidad de Harvard. "Un cuello móvil es ventajoso en lugares donde el cuerpo está relativamente fijo, como es el caso de las aguas someras o sobre tierra".
'Tiktaalik' se inserta perfectamente dentro de esta transición gradual que comenzó en el agua, pues presenta ya la típica reducción del hiomandibular -un hueso que sostiene la mandíbula de los peces, derivado del arco branquial-, fundamental para tener movilidad de cuello y cabeza.
Esa reducción y reorientación tienen que ver con el achatamiento del cráneo y abrirán el camino, siempre fortuitamente, para que el hiomandibular se convierta en una pieza clave para que los animales terrestres podamos oír -el estribo, el pequeño hueso que tenemos en el oído interno, es un recuerdo que guardamos de nuestros ancestros acuáticos-.
Todos estos rasgos reafirman la posición intermedia de este animal entre el pez y los tetrápodos. "Con apéndices capaces de soportar el peso del cuerpo, un cráneo más consolidado, costillas capaces de sostener el tronco" en un ambiente más grávido (con respecto al agua), "un sistema respiratorio menos dependiente de la respiración en el agua, una cabeza capaz de movimiento independiente y proporciones craneales que se aproximan a las de los tetrápodos, 'Tiktaalik' revela un estadio importante en el origen de los vertebrados terrestres", concluyen los autores en su estudio.